Siendo sincera, no sé cuándo fue la última vez que pude redactar un pensamiento propio sin ayuda de la IA.

Y no me refiero a que la IA me quito mi raciocinio (aunque más o menos), sino que me he vuelto tan dependiente de la IA que siento que yo misma no puedo escribir algo que me represente completamente, e irónicamente mi subconsciente cree que solo la IA va a poder arreglar mis escritos para que, estos si se sientan más míos, aunque esta haga todo lo contrario y solo los haga mil veces más genéricos.

Hace poco me di cuenta del problema que tengo y finalmente acepté que tengo una especie de adicción con la IA y, en parte, me he vuelto bastante dependiente de esta. No puedo escribir algo sin ayuda de la IA, no puedo imaginar nada sin la IA, no puedo investigar algo sin la IA, no me puedo preguntar algo y resolver mis propias dudas sin la IA, no puedo hacer mis trabajos de la universidad sin IA, no puedo pensar sin pedirle a la IA que estructure mis pensamientos porque ni yo misma me siento capaz de hacerlo bien.

Básicamente convertí a la IA en mi pensamiento, mi creatividad y mi cerebro, y estoy siendo parte de ese problema que yo misma digo odiar: Una persona incapaz de pensar sin la inteligencia artificial.

Honestamente, no tengo idea de cuando empezó mi problema.

Recuerdo haber descubierto ChatGPT un día X en 2023 de pura casualidad cuando estaba buscando inspiración en internet para escribir unos poemas para una tarea del colegio. Aquella página rara prometía ayudarme con mi tarea con solo enviarle un texto diciéndole que necesitaba, y yo decidí probarla, no pasaría nada malo con intentar.

Solo le tomó algunos segundos en hacerme dos poemas. Quede muy impresionada con el resultado, a ChatGPT le había tomado solo unos segundos hacer algo que yo llevaba tres horas intentando hacer y el resultado había sido muy bueno. Así que solo copié los poemas en mi cuaderno y terminé la tarea.

Recuerdo que saqué muy buena nota con aquella tarea e incluso la profesora elogió mis poemas diciéndome que tenia una redacción demasiado buena para alguien de mi edad. En ese momento no pude evitar sentirme como una impostora, si esa era mi tarea, pero no la había hecho yo, fue una IA, sin embargo, aunque no fuera propiamente mi trabajo había sacado una buena nota y eso era lo que realmente me importaba en ese momento.

Creo que la siguiente vez que usé la IA fue para pedirle que resumiera un texto del que debía hacer un mapa conceptual y como me sirvió demasiado seguí usándola cada vez más. La usaba tanto que llegué al punto de ni siquiera abrir el archivo donde estaba el taller que debía hacer y solo se lo mandaba a ChatGPT para que lo desarrollara y yo solo tuviera que copiar su respuesta.

Poco a poco ese sentimiento de impostora y el remordimiento que me daba usar la IA para hacer mis tareas empezó a desaparecer y ya me daba igual usarla o no para mis trabajos.

Y aunque al inicio solamente la usaba para ámbitos académicos porque reducía considerablemente mi tiempo de estudio y eso significaba que podía pasar más tiempo haciendo cosas que me gustaban en lugar de haciendo tareas.

Parecía genial al principio. Y lo era, hasta que la IA empezó a apoderarse de mis hobbies al punto que genuinamente empecé a creer que no podía hacerlos sin esta, como, por ejemplo, escribir.

En pandemia descubrí lo mucho que me gustaba escribir y que, aparentemente según algunas personas a las que dejaba leer mis escritos, era buena en ello. Escribir era una especie de terapía para mí y me ayudó mucho cuando estaba pasando por un momento muy difícil de mi vida, era mi manera de desahogarme y me ayudó descubrir muchas cosas sobre mí.

Creo que la razón por la que empecé a usar la IA en mis escritos personales fue gracias a ese complejo de siempre ser “perfecta” que he tenido toda mi vida. No me gustaba que en todo lo que escribiera se viera tan reflejada esa versión tan imperfecta de mí misma (que irónicamente era la razón por la que escribía) y aún menos toleraba que mis textos tuvieran fallas gramaticales o sonaran repetitivos en ocasiones o que fueran demasiado humanos porque siempre dejaba una parte de mí en ellos.

Al inicio, solo la usaba para que me hiciera algunas correcciones sencillas como que ajustara el tono, o la puntuación o mejorara la gramática. Pero poco a poco empecé a pedirle a la IA que los cambiara completamente, que los redactara por mi o que escribiera lo que yo quería escribir, pero me sentía incapaz de hacerlo.

Porque sí, poco a poco deje de escribir yo lo que sentía y se lo daba a la IA para que ella hiciera eso por mí, porque la IA si podía lograr esa “perfección” que estaba buscando, porque podía redactar un texto mejor de lo que yo podía en menos tiempo.

De una u otra manera me volví incapaz de volver a redactar algo sin ayuda de la IA, ya fuera para un trabajo o para mi misma. Incluso llegué a pedirle que me redactara textos para escribirlos en mi propio diario porque ya no me sentía capaz de poner en palabras lo que yo misma estaba sintiendo.

Llegué al punto tan preocupante de no poder ni siquiera escribir un mensaje de feliz cumpleaños a mis seres queridos sin pedirle a la IA que me ayudara con eso. Algo que se supone debería salir de mí misma.

No estoy segura si mi dependencia a la IA empezó porque optimizaba mucho mis tareas aburridas que no quería hacer o porque de una u otra manera complacía falsamente mi deseo de perfección con el que, admito, aún sigo obsesionada. O tal vez fue gracias a toda la industria de la inteligencia artificial que me vendió la idea de que la IA mejoraría mi vida y yo ingenuamente la compré.

Me costó demasiado darme cuenta de mi problema, no porque estuviera en una especie de negación, sino que como ya estaba tan acostumbrada a ella no era realmente un problema para mí.

No fue hasta que tuve que escribir para un trabajo de la universidad en el que me propuse a escribirlo yo misma sin ayuda de la IA que me di cuenta que no podía hacerlo sin ella. No me salía nada, no podía escribir un simple párrafo sin que sintiera la necesidad visceral de pedirle a ChatGPT que lo hiciera por mí.

“Esto no está bien, ya no sé cómo escribir” pensé decepcionada de mi misma. La IA se había vuelto por completo mi cerebro y nunca lo noté hasta que esta mató mi pasión por completo, y fue ahí que supe que debía hacer algo al respecto antes de que ChatGPT se volviera todo mi pensamiento.

Y esa es principalmente la razón por la que estoy escribiendo esto ahora mismo una noche de viernes completamente sola en mi habitación.

Siento la gran necesidad de volver a ser capaz de hacer todo lo que antes hacía sin la IA y dejar que esta sea una parte esencial de todos mis proyectos, tanto académicos como personales.

Quiero volver a escribir por mí misma y que al leer mis propios textos pueda reconocer varios errores que yo misma cometí y no una IA que intenta imitar mis propios pensamientos.

Quiero volver a experimentar ese sentimiento que tuve cuando le mostré un poema que yo misma escribí a una de mis amigas y ella lloro para luego abrazarme diciéndome que era demasiado lindo y nunca debería dejar de escribir, porque eso me recuerda que, aunque no sea perfecto, yo no sea una profesional y solo lo haga por diversión y, además, pueda tener varios errores, puedo escribir algo que a los demás les guste.